Hola, soy Estrella Resa (26) y trabajo como auxiliar de biblioteca en la Biblioteca Pública Miguel de Cervantes, situada en la ciudad con la catedral más bonita del mundo. Llevo ya 3 años formando parte del mundillo, desde que aprobé la primera oposición a la que me he presentado en mi vida. De hecho, se puede decir que me animé por casualidad, ya que después de convertirme en ingeniera técnica informática no tenía nada claro mi futuro. Era una de las típicas jovencitas raras que en su tiempo libre iba a fisgar las novedades de narrativa y hemeroteca. Un día pensé, ¿cómo será estar detrás del mostrador? Y hala, me embarqué en esta aventura.
Todos los cometidos de buen auxiliar se podrían resumir en uno: que todo funcione a la perfección. Eso incluye atención al público, ordenación de fondos, préstamo, devoluciones, registro… y una memoria prodigiosa que incluye desde la automatización de todos los procedimientos habituales hasta el conocimiento de las últimas novedades del mercado. Aparte, con otro compañero me encargo de los temas de formación de usuarios en nuestra biblioteca. Normalmente trabajamos con colegios, organizando visitas donde enseñamos a los niños a usar la biblioteca según sus necesidades. También nos estamos ocupando de nuestro “Rincón de los padres” que dentro de poco promocionará los libros infantiles que tenemos en la sala de adultos.
Este es un día de mi vida cuando trabajo en turno de mañana.
6:30 Apago el despertador, que sonaría a menos cuarto. Remoloneo diez minutos más al calor de las mantas.
7:00 Ya estoy desayunada y comienzo a vestirme. Como tengo que ir a la universidad por la tarde (sigo estudiando para conseguir diplomarme en informática), no me pongo las lentillas para descansar la vista.
7:40 Me monto en el autobús. Tardo en llegar a la parada diez minutos andando, pero merece la pena porque me evito el atasco de trabajadores que tienen otras líneas.
8:00 Comienzo de la jornada laboral. Registramos y sellamos la prensa, que miramos por si hay que incluir alguna noticia en el dossier del barrio. Repaso mi correo y anoto mentalmente los temas pendientes.
9:00 Abrimos al público. Entran los habituales, como siempre.
9:15 En el catálogo aparece como disponible un libro que no encuentro en la estantería. Me pongo mis guantes (higiene ante todo) y me afano ordenando toda la narrativa a la busca y captura.
9:45 No aparece, snifs. Al tiempo que recoloco ejemplares, me animo mirando libros que podrían resultar interesantes.
10:30 Vuelvo a mostrador y constato que hoy, gracias a la abundante lluvia, la sala está más llena que de costumbre. Cierto que hay gente que únicamente ha venido a hacer tiempo, pero recojo varias solicitudes de carnés nuevos :-)
11:00 Hora del café para mis compañeros. Me quedo atendiendo e intento hacerme cargo de un carro de libros listos para tejuelar. Activo el modo multitarea, pero las novelas devueltas se me acumulan en el carrito.
12:00 Como hoy es el cumpleaños de una compañera, como pastas y chocolate en el descanso. ¡Qué bueno!
12:20 Vuelvo a mis quehaceres habituales: préstamo, devoluciones, dar sesiones de Internet...
13:00 Saco tiempo para volver a repasar unos carteles que pondremos en el rincón de los padres. Me comentan que hay un problema con una suscripción de una revista. Al parecer, un particular ha puesto como dirección de recepción la de la biblioteca, y claro, esto puede generar malentendidos porque nosotros, como institución, también estamos suscritos a la misma publicación. Paso el testigo a mis compañeros de hemeroteca.
14:00 Como nadie se atreve, llamo al teléfono de la supuesta suscriptora y me contesta una señora que no tiene ni idea del tema. De traca. Por lo demás, hora tranquila.
15:00 Cambio de turno y vuelta a casa para comer (en coche, que me lleva una compi).
16:15 Vuelvo a salir de casa para ir a la universidad, que he quedado para dar los últimos toques a una práctica que hay que entregar en la próxima clase. Odio que las entregas sean semanales, ¡me chafan los findes!
17:30 Dos horas teóricas de clase de diseño y mantenimiento del software. Estoy tan cansada que desconecto un ratito gracias a la monótona voz del profesor.
18:30 ¡Argh! Hay que subir al laboratorio y entregar un ejercicio teórico en menos de 45 minutos. Menos mal que no soy tan nerviosa como mi compañera y lo medio sacamos adelante.
19:30 Paseo con lluvia torrencial hasta casa. Menos mal que me cambié de zapatillas por la mediodía.
20:00 Por fin me siento un ratito en el sofá. Cojo el teléfono y me tiro media hora hablando con mi chico de cómo nos ha ido la jornada. Se me hace raro no haberle visto en todo el día.
21:00 Mi madre y yo leemos un rato mientras en la cocina se cuece verdura. Me paro a pensar: tendré que organizarme muy bien a partir de marzo (empiezo la convivencia en pareja) para comer caliente todos los días. Las semanas de trabajo mañanero son caóticas.
21:30 Cena en familia. Me comentan que para mañana hay para comer garbanzos. Me da igual, tengo clase a las 15:30 e iré directa desde el trabajo. Espero aguantar con un bocadillo.
22:30 Estoy muerta y paso de ver la tele. Me voy a la cama a leer “La reina en el palacio de las corrientes de aire”, tercera entrega de Millenium. Le he empezado hoy y todavía estoy hilando personajes.
23:00 Zzzzzz (pero total, tipo cadáver)
Bueno, este es mi ajetreado día. Estudiando y trabajando, no hay forma posible de compatibilizar más que sacrificando tiempo libre. Aun así, animo a la gente a que se siga formando. El cerebro necesita alimentarse de nuevos conocimientos y alternar con gente nueva es muy saludable, a la par de divertido.
Cuando tengo turno de tarde no puedo ir a clase y tengo que mantenerme al día por mi cuenta. Pero así tengo la oportunidad de cocinar, hacer la compra y ocuparme de las tareas del hogar, cosa que me gusta bastante. Soy una chica para todo ;)
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