A. No puede ser que en un país en el que impera el Estado de Derecho, y, por tanto, la libertad de expresión y comunicación, entre otras, los servicios informativos de muchas de las televisiones y radios de ámbito nacional y autonómico sean intercambiables, es decir, no se investigue, no se de al periodista la libertad de elegir a aquello sobre lo que va a construir su argumento e informe de lo mismo que "la competencia" y de la misma forma y de los mismos temas.
B. Se confunde amargamente espectáculo con información, y ésta, a su vez con opinión, a la vez que se mezcla con el todopoderoso "mercadeo" o márquetin.
C. La omnipresente opinión oculta la inconsistencia de los hechos comentados y su argumentación sobre ellos. Muchos programas de opinión no se sustentan sin una previa información "objetiva".
D. El periodismo de declaraciones sin antecedentes y consecuentes produce un absurdo argumental que todo el mundo olvida, siguen siendo más importantes los hechos y su contexto argumental coherente que el "encuadre" forzado en determinada ideología sea de derechas o de izquierdas o anarquista de centro.
E. Los periodistas, aunque les pese, son autores y como tales deberían reclamar sus derechos sobre los editores españoles que se han lucrado durante largas temporadas con la renuncia a sus derechos de autor.