Buscando analogías y similitudes entre los servicios que presta una biblioteca pública y otros servicios de otras instituciones públicas y privadas, podemos descubrir que la biblioteca pública es, ante todo, una institución ecológica pues una de sus misiones es recoger, guardar y conservar todos aquellos documentos de cualquier clase (especialmente libros de papel o electrónicos) que las sociedades consideran importantes para su ocio, formación, educación, entretenimiento y aprendizaje.
Incluso ahora que aparecen los libros electrónicos (e incluso también con ellos más) la misión del bibliotecario es seleccionar aquellos más representativos ya sean superventas o "best-seller" o, por el contrario, raros y desconocidos, quizás, provenientes de algunas cortas tirada de pequeñas editoriales, pero con calidad suficiente para ser conservado. Es decir, las bibliotecas públicas prestan un servicio ecológico al preservar, conservar y difundir todas aquellos documentos relevantes que, en alguna medida, contienen experiencia y memoria y por tanto se puede plasmar, grabar, escribir en alguno de los muchos códigos inventados por los humanos para decodificarlos tras un corto o largo lapso de tiempo.
Uno de los problemas más frecuentes con los que nos encontramos en nuestra actual civilización tan dependiente de la electricidad y la electrónica es, todavía, encontrar la forma, véase la paradoja, de preservar y conservar a largo plazo todas la fuentes de experiencia y memoria que se han volcado en Internet y en medios digitales desde los ya lejanos años 60 del milenio anterior. El libro de papel continúa siendo, pese a todo, una fuente de experiencia y memoria todavía superior al que proporciona la electricidad y la electrónica y que se espera que en un futuro sea superada por las técnicas y tecnologías de la luz o solares.