Conversación con Laura Sánchez: Una biblioteca para mi pueblo

17Dic2009

Hoy tengo el honor de presentar en RecBib el testimonio de Laura Sánchez Palacios, documentalista licenciada por la Universidad Carlos III de Madrid y perteneciente al grupo "Una biblioteca para mi pueblo". El grupo "Una biblioteca para mi pueblo" es la unión de las asociaciones sin fines lucrativos "Attac Perú", "La Asociación Educativa Hispanoamericana" y el "Movimiento Indio Peruano", así como diversas personas interesadas en crear bibliotecas y ayudar al desarrollo de las actuales, bajo la Coordinación General en Perú de Gonzalo Ayulo Paihua, y en Madrid, de Laura Sánchez Palacios.

Hola Laura, antes de nada, me gustaría que nos hicieras una breve presentación sobre ti y tu trayectoria tanto académica como profesional.

Hola Daniel. Soy licenciada en Documentación, por la Universidad Carlos III de Madrid, y entusiasta de este mundo tan interesante que es el de la gestión documental. He trabajado en diferentes aspectos de la profesión, desde el punto de vista audiovisual, jurídico, de difusión cultural, hasta lo relacionado con la gestión de contenidos. También destacar que he tenido contacto con empresas de muy distinta índole y que me han aportado cada una algo más específico de las respectivas áreas.

Con respecto a tu colaboración con bibliotecas en Perú, ¿cómo te pusiste en contacto con los profesionales y voluntarios de Perú? ¿cómo llegaste a cooperar con una Biblioteca escolar de Lima? En definitiva, ¿cuál fue el inicio de esta aventura profesional en América Latina?

Entré en contacto con el proyecto de colaboración altruista gracias a Iwetel, el foro de documentalistas, donde Javier Gimeno, el coordinador internacional publicó una información en marzo o abril sobre las II Brigadas Internacionales Solidarias con Bibliotecas, Archivos y Centros de Documentación de América Latina (BRISAL, actualmente), primeramente dirigidas a Bolivia. Yo contesté sin dilación y estuve unos meses muy pendiente de toda la actividad, pues concreté que iría un mes entre agosto y septiembre. Hasta que en junio se ofreció la posibilidad de ir a Perú y yo pregunté por ello.

El coordinador internacional me facilitó la comunicación con quien se convirtió en el coordinador nacional de Perú, Máximo Kinast, que desde el principio fue un gran apoyo y un gran profesional, un periodista que piensa que las bibliotecas son el futuro. Él y su colaborador voluntario, Gonzalo Ayulo (quien hoy es el coordinador nacional de las BRISAL en Perú), me informaron de todo y me apoyaron en todo momento. Tanto a los demás brigadistas de Perú como a mí, nos facilitaron alojamiento y manutención diaria, así como las puertas abiertas de sus casas.

Máximo Kinast y Gonzalo Ayulo pertenecen al grupo “Una Biblioteca para mi pueblo” (UBIP, actualmente), formado por tres asociaciones peruanas: Asociación Educativa Hispanoamericana (AEH), Movimiento Indio Peruano (MIP) y AttacPerú. Gracias a ellos los brigadistas hemos tenido la oportunidad de colaborar con bibliotecas escolares (Pati Morán Ladis Frías, Sergio Álvaro y yo), realizar talleres de animación a la lectura (Kristel Best Urday) y crear bibliotecas desde cero en comunidades indígenas alejadas de la civilización, como Qasanqay, utilizando adobe para hacer las estanterías con sus propias manos (Oriol Granero y Dario Ill).

¿Podrías comentarnos un poco más cómo fue tu experiencia personal y profesional durante ese tiempo en Perú?

Bueno, mi participación con las bibliotecas y centros de documentación de Perú fue algo muy especial e interesante desde todos los aspectos. Fue una experiencia inolvidable. Me trataron siempre de forma muy entrañable en todos lados.

Yo, particularmente, colaboré con la Biblioteca escolar Scipion E. Llona de Lima, donde una bibliotecaria se encargaba de su funcionamiento, aunque cuando llegué se trataba de un mero almacén de libros donde los alumnos se acercaban a la puerta, cerrada, con una apertura superior a la que se asomaba la bibliotecaria y les resolvía las consultas tan simples como “señorita, quiero un libro de cuentos”, procedente de un alumno de primaria. Entonces, me centré en revisar el fondo de la colección y de separar los documentos que estaban en muy mal estado. A la vez que hacíamos la selección, se resolvía la división por materias del fondo y su distribución en el espacio disponible en la biblioteca. Para ello, se unió otra brigadista que acudió al mismo lugar a apoyarnos, Ladis Frías, una documentalista de la Universidad de Antioquía, en Medellín (Colombia), una excelente profesional y gracias a la cual hicimos grandes logros con los contactos que habíamos establecido los coordinadores nacionales de nuestra labor (Máximo Kinast y Gonzalo Ayulo) y yo. Como por ejemplo, reunirnos con el Gerente de Educación del distrito donde estaba ubicada la biblioteca para solicitarle su apoyo en el mantenimiento de la actividad de los brigadistas a largo plazo.

Por otro lado, también presionamos al director del colegio para que hiciera llegar el cable de Internet a la biblioteca, que llevaba dos años persiguiéndolo sin éxito. Así como, poner en funcionamiento el gestor documental apropiado utilizando la CDU como clasificación de materias.

Finalmente, antes de irme (pues estuve allí un mes y no dio tiempo a más), ofrecí una conferencia dirigida a los profesores de la escuela para concienciarles de su importancia en el desarrollo y buen funcionamiento de la Biblioteca del centro. Además de la necesidad de su participación para fomentar su uso, una vez se abran las puertas para que los alumnos puedan consultar la colección in situ, cosa que ahora no pueden hacer.

Háblanos también un poco de las diferencias que has encontrado en las bibliotecas de Perú y España ¿existe el mismo concepto de biblioteca en cuanto a funciones y valoración dentro de la sociedad o institución a la que sirve? ¿se nos reconoce igual como profesionales en todos los países del mundo?

Bueno, por lo que yo me encontré, en Perú tienen buenas Bibliotecas, como por ejemplo la Biblioteca Nacional de Perú, que ha tenido que ampliar su ubicación y tiene dos emplazamientos, quedando la antigua diferenciada de la actual. También visité una biblioteca pública del distrito de Miraflores, en el que estaba colaborando, una biblioteca preciosa y enorme, con una sala dedicada a un escritor que donó su colección con el escritorio y todo. El problema fundamental con el que me encontré fue que no disponían de ordenadores para gestionar la colección, pues el préstamo lo hacían a mano. Sólo utilizaban el programa informático los técnicos para catalogar y clasificar los documentos empleando Dewey. Además, este servicio de préstamo era solo gratuito para los residentes en ese distrito, los demás debían pagar una cuota por documento.

Por otro lado, estuve en la facultad de Documentación de la Universidad San Marcos de Lima, donde los alumnos de bibliotecología me comentaron que hacían mucho hincapié en los programas de software libre, porque no se pueden permitir gestores documentales como los que estamos acostumbrados a usar en España, por ejemplo, Absys, que facilita todas las operaciones que se llevan a cabo en la biblioteca.

También, debo añadir que en las bibliotecas escolares en las que estuvimos Pati Moran, una bibliotecaria californiana que coincidió la primera semana conmigo y ella fue a otro colegio, tenían como bibliotecarias a dos mujeres muy implicadas en su labor, pero sin conocimientos técnicos sobre lo que debe ser una biblioteca. Ambas estaban muy presionadas por los directores del colegio, porque ellos no perciben el valor de las Bibliotecas y tienen que compaginar su tarea con otras funciones. Obligando así a suprimir actividades o servicios bibliotecarios. En la del Scipion E. Llona, se prescindía de la organización, porque Rosa Reyes, la bibliotecaria, no disponía de tiempo para revisar los documentos que recibían mensualmente de la Biblioteca Nacional y los almacenaba por las mesas, estanterías e incluso el suelo.

En este punto, creo que aún les queda mucho por hacer y largo camino que recorrer, en el cual solicito la ayuda de todo aquel bibliotecario, documentalista o archivero, o cualquiera concienciado de que podemos actuar para mejorar los centros de estos países de Latinoamérica que van por detrás de lo que nosotros tenemos la suerte de conocer.

¿Qué tareas exactamente desempeñaste en la biblioteca escolar Scipion E. Llona de Lima en Perú? ¿Cuál de ellas te supuso mayor reflexión? ¿Cuál te pareció más interesante?

Primeramente, junto a la bibliotecaria Rosa Reyes, estuvimos evaluando las posibles materias que se trataban en el colegio coincidiendo con las asignaturas impartidas, creando la clasificación ad hoc para dicha biblioteca, quizá un modelo para el resto de bibliotecas escolares. Luego, planteamos la posibilidad de separar la narrativa, poesía y teatro, del resto del fondo. Y fuimos revisando la colección de las estanterías, principalmente, aunque tenían fondo en las mesas y en los armarios de los lados, apilados o dispuestos sin ningún criterio específico establecido.

Lo que más nos suscitó reflexión fue la clasificación y su uso adaptado al programa informático, un gestor documental dirigido a las bibliotecas escolares, que utiliza CDU y no Dewey, como la Biblioteca Nacional de Perú. Al final, estuvimos de acuerdo y lo consultamos con el resto de bibliotecarios que se reúnen una vez al mes, para llegar a la conclusión de que todas utilizarían ese programa.

La más interesante fue la revisión de los libros, compartida con la bibliotecaria y la brigadista Ladis Frías, incluso con el coordinador de nuestra actividad Gonzalo Ayulo, quien acudió un día para ver cómo se llevaba a cabo la actividad que nosotras le comentábamos. Nos encontramos documentos muy interesantes y tuvimos que utilizar mascarillas, guantes y productos de limpieza para separar los libros deteriorados, para expurgarlos o restaurarlos, de los demás.

Aunque lo más importante fue conseguir que el cable de Internet llegara a la Biblioteca, para que la bibliotecaria pudiera entrar en contacto con los catálogos colectivos y poder servirse de la catalogación y ordenación de otras bibliotecas similares.

¿Qué es lo que más te ha impresionado de lo que has vivido de Perú? ¿Te esperabas todo lo que te encontraste?

Me han impresionado muchas cosas, entre ellas, la amabilidad e inmensa gratitud de todos los peruanos por ofrecer una ayuda por ínfima que sea a la mejora de algún aspecto de su sociedad, en este caso con Bibliotecas. Yo llevé dos maletas, una de ellas llena de libros y otros materiales para las bibliotecas, que los repartí para distintos destinos. A cada uno de los que les di parte, se mostraron muy agradecidos y me expresaron su emoción enorme, lo cual fue lo más importante en esta experiencia: el calor de la gente, algo muy diferente y que no conocía, que les llevo conmigo ahora, siguiendo en contacto con ellos, en la medida de lo posible. Y es también, lo que no me esperaba.

A nivel profesional, su capacidad de aprendizaje, muy abiertos a todo lo que se les pudiera enseñar y eso es algo muy importante para quien forma. Pues lo mejor que he aprendido yo a lo largo de mi trayectoria es que cuando encuentras a alguien con interés por aprender es mucho más fácil y da gusto. Todo lo adquieren con mucha disposición.

Ha sido una experiencia que se la recomiendo a todo el mundo, tanto en lo personal como en lo profesional.

¿Cómo te gustaría poder continuar la labor de cooperación desde Madrid? ¿Volverías a ir a Perú para hacer posible ese avance en el futuro de nuestra profesión en Latino América? ¿Cómo podrían ayudar los profesionales que estén interesados?

Actualmente, continúo mi labor de cooperación con las bibliotecas de Perú, pues sigo muy ligada al grupo “Una biblioteca para mi pueblo” (UBIP) como delegada de Madrid, buscando financiación para el envío de libros y otros materiales útiles, como ordenadores que están en buen estado, pero que están eliminándose de las empresas españolas por otros nuevos.
También, estamos realizando actividades para fomentar el envío de libros a Perú, para surtir las bibliotecas donde hemos colaborado de libros en buen estado. Por ejemplo, el 24 de octubre se desarrolló el Mercadillo de libros en la Biblioteca Municipal de Guadalajara, con el objetivo de recaudar fondos para enviar libros seleccionados de entre el volumen inmenso de donaciones que reciben en esta biblioteca y gracias al compromiso de su directora Blanca Calvo.

Estos libros actualmente están llegando a Perú, para que en Enero puedan ser organizados en sus destinos por los estudiantes de bibliotecología y brigadistas, que realizarán sus prácticas en esas Bibliotecas realizando las tareas de revisión, valoración, catalogación, clasificación y disposición para que los documentos estén en un futuro abiertos al uso de la colección, cosa que todavía no pasa, porque las bibliotecas, como comentaba antes, eran un mero almacén de libros sin orden ni disposición adecuada.

Para lograr esta mejora y evolución de las bibliotecas, es muy importante la colaboración de los profesionales que podemos tener unas nociones más amplias de la gestión documental.

Quisiera animar a todos los profesionales de la documentación a que colaboren con Perú y con “Una Biblioteca para mi Pueblo”, colectivo formado por tres asociaciones peruanas, que están muy abiertos a recibir colaboración ofreciendo alojamiento, comida y las atenciones necesarias para desarrollar una labor de cooperación con las bibliotecas, archivos y centros de documentación de Perú.

Cualquiera que quiera colaborar de cualquier modo, será bien recibido. Para ello, podéis consultar el blog del grupo Una Biblioteca para mi Pueblo (UBIP) y el de la Red de Bibliotecas creada por brigadistas: http://crearbibliotecasenperu.blogia.com y http://bibliolima.blogspot.com. Además, para cualquier consulta o participación aporto también mi mail personal: laurabrigadas@gmail.com y la dirección del coordinador del grupo, Gonzalo Ayulo, bibliotecaparamipueblo@gmail.com.

Muchísimas gracias por todo Laura, no quiero dejar de agradecerte todo el tiempo dedicado y la bonita labor realizada en Perú. No sé si querrás añadir algo más a esta conversación y a toda la gente que nos está leyendo.

Muchas gracias a ti, Daniel, y a RecBib por vuestra atención.

 

 

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