Corren malos tiempos para los estudiantes de periodismo, incluso para los que están ejerciendo de periodistas. Nunca como antes se había impuesto de forma determinante la "censura económica y empresarial", quiero decir que a los periodistas que están a sueldo de determinadas empresas no se les permite lucir su independencia, sino que tiene que estar sujeto a los intereses económicos, ideológicos y demás de los de su empresa, no se contratan periodistas sino "legionarios" al servicio de ideologías e intereses económicos, cuando, precisamente, al parecer, la libertad de expresión ha culminado en nuestro tiempo con la explosión y expansión de todos los medios de comunicación social: la prensa, radio, televisión, internet, la publicidad, la música, etcétera, son las paradojas y signos de nuestros tiempos.
A mi modo de ver, en las sociedades democráticas con constituciones liberales, estamos pasando del profesional periodista, figura irremplazable, al comunicador e informador especializado, porque, entre otras cosas, deberían ser los científicos de nuestros tiempos, con la eclosión de todos los medios y formas de comunicación e información: lo importante sigue siendo el mensaje, la información, los hechos, el cuento y las cuentas, no el soporte de esa información, aunque muchas veces su influencia sea determinante.
A pesar de la escasez de venta de nuestras cabeceras periodísticas por excelencia "El país", "Abc" y "El mundo" yo concedo al periodismo y a su relación con otras disciplinas afines tanto humanísticas como de "ciencias puras" un futuro esplendoroso.