En el mundo y la sociedad cuyas memorias y apuntes radican principalmente en memorias magnéticas y ópticas y que planea traspasar todo el caudal informativo, histórico, cultural y educativo de lo físico (papel, libros, archivos, etc) a lo inmaterial, es decir, espacios electrónicos y ópticos y magnéticos, quiero defender el peso y la materialidad del saber, la memoria física en papel, en cuadernos, en archivos porque me da la impresión de que con todo el traslado de lo físico a lo inmaterial (óptico y magnético) perdemos realidad y nos transformaremos, mirando en el espejo de pantallas luminosas continuamente aquellas representaciones de la memoria óptico-magnético-electrónica, también nos transformaremos en simples fantasmas espirituales.
No es una simple visión. Los objetos físicos y más sensibles a los sentidos humanos, con peso, color, forma y demás cualidades aristotélicas cuentan mejor nuestra realidad que las pantallas multicolores que dibujan el futuro. Quizá la clave sea hacer convivir ambos mundos pacíficamente, sin lucha, con dialéctica y diálogo. Es ecir, que haya una mutua convivencia equilibrada sin el riesgo de que todo nuestro ser se convierta en protones, electrones y neutrones.
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