Hace no mucho tiempo leí en un libro de Roser Lozano Díaz de la editorial astur Trea sobre la posibilidad de patrocinio por parte de diferentes marcas o empresas para Bibliotecas Públicas. Y si no comprendí mal, tengo el recuerdo de que es una cuestión que se realiza ya en otros países. Coca-Cola hace unos años citaba a las Bibliotecas Públicas en sus campañas publicitarias como lugares de encuentro de la juventud dichosa, feliz y poco estudiosa. Ahora que comienzan los recortes presupuestarios porque la especulación inmobiliaria parece que no da demás, así como que ha bajado el consumo de familias y empresas y se ha reducido consecuentemente los ingresos del Estado. Es una buena ocasión para planteárselo.
En mi humilde opinión como frecuente usuario de las Bibliotecas Públicas y a la vez trabajador de ellas, así también que como ciudadano, no me parecería mal que entidades como las Cajas de Ahorros (Caja Madrid dispone de una pequeña red de bibliotecas) o incluso ahora, alguna empresa de las energías alternativas tan en boga como la solar o la eólica, o cualquier otra marca de carácter social: no sé si Google estaría dispuesta a patrocinar Bibliotecas Públicas por ejemplo o la multinacional de informática Microsotf, (que no se si es mentar la soga en la casa del ahorcado), estarían dispuestas a patrocinar una actividad como la lectura pública y la difusión cultural y educativa a todos los niveles.