Porqué "Free Software" es mejor que "Open Source"

13Nov2008

Basado en el trabajo de Richard Stallman Why “Free Software” is better than “Open Source”, 1998, y ampliado por “Open Source” misses the point of Free Software, 2007.

Siguiendo con el debate iniciado por nuestro compañero Daniel Becerra en su blog, me gustaría puntualizar algunos puntos concretos en los que parece existir cierta confusión generalizada con el tema del software libre:

El software libre, por definición, tal como fue concebido por Richard Stallman, está basado en las libertades de la persona que lo recibe, muy por encima del inapropiado énfasis que se intenta poner en la disponibilidad del código fuente desde determinados ámbitos. Estas libertades a las que se hacemos referencia, conocidas como las cuatro libertades, serían las siguientes:

  1. Libertad de uso. Usarlo como se quiera, donde se quiera, con cualquier propósito y sin limitaciones en el tiempo.
  2. Libertad de redistribución. Redistribuirlo a quien se quiera, como se quiera, colaborando con otras personas, instituciones educativas, bibliotecas, unidades de información, etc.
  3. Libertad de modificación. Modificar, adaptar, corregir y mejorar en función de las necesidades de nuestra biblioteca, centro, organización etc.
  4. Libertad de distribuir las modificaciones. Lo que nos permitiría colaborar con una mayor difusión del conocimiento y una red social de instituciones o bibliotecas con una gran función social que aportar y una escasez crónica de recursos.

Consecuencia lógica de lo anterior, sobre todo debido a los puntos 3 y 4, es la necesidad de disponer del código fuente, cuestión que ha llevado a muchas personas (en ocasiones de forma malintencionada) a un error y manipulación del término con unos claros intentos de desprestigiar la filosofía del mismo.

El término Open Source Software (programas de código abierto) es un invento comúnmente atribuido a Eric Raymond y la Open Source Initiative. En él se presenta una definición del software en el que se pone un mayor énfasis en la disponibilidad del código, resultando también bastante similar a la Debian Free Software Guidelines. Este término de Open Source ha sido duramente criticado por voces tan autorizadas como Richard Stallman y la Free Software Foundation, lo cual ya podrían ser razones de suficiente peso como para desaconsejar su uso. Por otra parte, gran importancia de la inadecuación del termino Open Source radica en la creciente tendencia de uso en el depredador y caníbal mundo empresarial, que ha visto en su modelo una brillante manera de aumentar los beneficios a costa de aprovecharse del trabajo del resto (nada más lejos de la filosofía inicial y las libertades defendidas por el software libre).

Como muy bien apuntaba Daniel Becerra, otro término con el que también existe cierta confusión es el de software gratuito. Software libre para nada es igual a software gratuito, confusión acuciada en nuestra comunidad hispanohablante debida a los múltiples significados de la palabra “free”, y a las propias características del mismo. Se ha propuesto desde distintos ámbitos la distinción entre los términos freeware y free software, o gratis software y libre software, siendo los términos free software y gratis software los que coincidirían con el objeto de interés de nuestra discusión.

Un punto bastante curioso aquí es el hecho de que aunque el software libre y el software gratuito no tengan nada que ver en la practica, sí que existe una cierta correlación entre ambos estados, lo cual ha sido en gran parte la causa de toda la confusión. Básicamente esto se debe a que si existe libertad para la distribución del software libre, por lógica, existe poca probabilidad de que nadie quiera pagar de forma voluntaria a otra persona que se enriquece por un trabajo que no ha hecho, al menos no pagar por el producto (otra cosa ya sería pagar por el servicio, pero ese es otro tema diferente). Aunque lo cierto es que nada podría (o incluso éticamente debería) evitar que una empresa se trate de aprovechar del resto vendiendo un trabajo que otras personas han desarrollado y distribuido de forma correcta, aunque con esto se trate de tirar por tierra toda la labor y filosofía de la comunidad desarrolladora de software libre (llegando al máxime de los colmos con lo que sería el intento de patente). Pero como ya dije en alguna otra ocasión, este problema no se debe solucionar prohibiendo, sino educando a la población, instituciones, y unidades de información en no consumir ni apoyar lo que éticamente no se ha elaborado de forma correcta, es decir, promoviendo el software libre.

Volviendo al problema de la terminología, otros términos con los que no se debe confundir tampoco el software libre son los siguientes: freeware (software propietario gratuito), shareware (de prueba con limitaciones), charityware o careware (se solicita una contribución voluntaria), adware, o versiones de evaluación.

Pero, ¿cuáles son las ventajas del software libre?

  • Las cuatro libertades
  • Difusión sin trabas del conocimiento
  • Menor coste
  • Nadie impone renovar hardware y software
  • Nadie impone renovar la formación de la comunidad usuaria
  • Mejor interoperabilidad
  • Se puede comprobar la calidad del código
  • Garantía de privacidad
  • Promoción de la economía local
  • Mejor escalabilidad
  • Mejor conocimiento del software
  • Igualdad de oportunidades: Mismas herramientas para todo el mundo
  • Aumento de la base de conocimiento de la comunidad usuaria y programadora
  • Posibilidad de reutilización

Baste comprobar que de todos los puntos anteriores los defensores del término “Open Source” sólo hacen hincapié en los aspectos técnicos y económicos, mostrando por lo tanto una motivación pragmática e insolidaria que deja de lado todos los avances y fundamentos filosóficos que posibilitarían un desarrollo social más justo en el mundo.

Y entonces, ¿cuáles son las ventajas del software libre para las bibliotecas, archivos, unidades de información o administraciones públicas?

Citando a Jesús M. González Barahona, Joaquín Seoane Pascual y Gregorio Robles en el apartado dedicado a las administraciones públicas de su obra “Introducción al software libre”, 2007 (trabajo fundamental y consultado a lo largo de todo el estudio):

“La administración pública es un gran usuario de características especiales, ya que tiene obligaciones especiales con el ciudadano, ya sea proporcionándole servicios accesibles, neutrales respecto a los fabricantes, ya garantizando la integridad, utilidad, privacidad y seguridad de sus datos a largo plazo. Todo ello la obliga a ser más respetuosa con los estándares que las empresas privadas y a mantener los datos en formatos abiertos y manipulados con software que no dependa de estrategia de empresas, generalmente extranjeras, certificado como seguro por auditoría interna. La adecuación a estándares es una característica notable del software libre que no es tan respetada por el software propietario, generalmente ávido de crear mercados cautivos.

Asimismo, la administración tiene una cierta función de escaparate y guía de la industria que la hace tener un gran impacto, que debería dirigirse a la creación de un tejido tecnológico generador de riqueza nacional. Ésta puede crearse fomentando empresa cuyo negocio sea, en parte, el desarrollo de nuevo software libre para la administración, o el mantenimiento, adaptación o auditoría del software existente.”

En cuanto a lo que nos incumba como profesionales de la información todo depende de a qué nos queramos dedicar con nuestro trabajo, cuánto nos queramos distanciar de la realidad evidente, y sobre todo, cuánto queremos aportar a evitar que "nuestro campo" esté en crisis (entendida esta crisis como la del campo profesional, ya que la necesidad de organizar la información sigue estando más en auge que nunca, aunque luego sean otras personas o perfiles las que se encarguen de ello).

Sirva como curiosidad que este mismo año tuve el placer de asistir a una magnifica conferencia impartida por un alto cargo de una empresa relacionada con el mundo de la documentación. Esta persona (que además, si mal no recuerdo, su formación académica era bastante “de letras”) aconsejó tajantemente a todo el alumnado que como algo básico para su inminente futuro profesional aprendieran a programar. Esta carencia de "informática", o competencia no adquirida (hablando en términos de "Bolonia"), es una de las razones por las que no entiendo esa eterna separación que se hace entre "informáticos" y "documentalistas", ya que, desde mi punto de vista, esta es precisamente una de las principales causas por las que luego no se valora nuestra profesión. Si la necesidad de programar en nuestro campo hoy en día es obvia, la necesidad de tener una mínima formación en software libre yo creo que se hace imprescindible.

Como apunte final sólo señalaré una cosa, ¿nadie se ha fijado la creciente tendencia de, por ejemplo, la revista Knowledge Organization en publicar trabajos de gente de Informática, Telecomunicaciones y Matemáticas? ¿acaso no éramos las personas de Biblioteconomía y Documentación quienes nos dedicábamos a organizar de forma puntera la información? Yo, por mi parte, ya me preocupé durante mi etapa de estudios de pregrado de completar todos los créditos de libre elección con asignaturas de la carrera de Ingeniería Informática, en concreto Matemáticas I, II y III, Estructura de computadores y Programación II, ahora ya el resto que se forme como mejor estime, pero no digamos qué es y qué no es necesario para nuestra profesión porque luego resulta que el campo está en crisis.

13 Nov20:58

Caramba, tocayo: menuda

By Daniel Becerra (no verificado)

Caramba, tocayo:
menuda lección me has dado. Yo no llegaba a tanto, pues el mensaje era que primero pusiéramos la necesidad, y después la solución, y no al revés.
Sobre lo de aprender a programar: no estoy de acuerdo. Creo que cada profesional tiene su función, y la nuestra no es programar. En todo caso, sí que tener unos mínimos conocimientos para que no nos vendan la moto. Pero eso es como si dijeras que los enfermeros tienen que saber medicina. Canastos: que un informático se pasa 4 años de carrera, y un documentalista otros 4. ¿Nos olvidamos de que un documentalista también ha de saber (muchísimo) sobre archivos, sobre márketing, auditorías, etc, etc?
Yo creo y defiendo en la profesionalidad de los demás. Igual que en la mía. Y un informático no tiene por qué estudiar documentación, y yo no he de estudiar lo suyo, aunque me sea fundamental un mínimo conocimiento de ello.
¿Que los informáticos, periodistas, archiveros... nos han comido el terreno? Por supuesto, y en ello haré mucho hincapie. Seguimos, los menos, esperando a que el mundo nos llame a gritos diciendo que nos necesitan, en lugar de ir nosotros a ello y demostrar en todos los ámbitos de la sociedad de la información de lo que somos capaces. Y los más, escondidos detrás del mostrador de metro y medio de su biblioteca rogando que no les molesten mucho.
Si tanto sabemos, hemos de salir, publicitarlo, demostrarlo... decirlo entre nosotros tampoco nos llevará a nada.

Venga, un abrazo y gracias por los comentarios. Realmente acertados.

Daniel Becerra

13 Nov22:38

Muchas gracias Daniel,

By Daniel_Martinez

Muchas gracias Daniel, tengo que reconocer que en tu comentario, aunque discrepaba en algunos aspectos, dices cosas muy pero que muy interesantes empapadas de mucho sentido común, por eso me "piqué" especialmente en hacer una réplica ;-)

En cuanto al tema del reconocimiento y las competencias, reconozco que es algo que me desanima especialmente, porque además creo que todo el mundo tenemos nuestra parte de razón sea cual sea nuestra postura. Por eso a veces me desanimo pensando algo así como que si no logramos abarcarlo todo y ser reconocidos como nos merecemos será porque nuestro campo es demasiado importante, demasiado extenso, demasiado presnete en todas partes....

Lo dicho, que mucha gracias por tus comentarios y enhorabuena por la primera entrada en el blog.

¡Un abrazo compañero!

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