La verdad es que la película de Alejandro Amenábar me ha evocado, tras su visión, y descontextualizando su acercamiento o no a la verdad histórica, a otras referentes a una institución como es la escuela, ya sea de niños, adolescentes o mayores, y la relación posterior, pasados unos años, que se establece entre el maestro y sus antiguos alumnos, por cierto, abundantes en el cine norteamericano y europeo.
Como fondo están los confusos acontecimientos sociales, económicos y políticos y su relación con la religión, de si es posible la convivencia o no de muchas religiones o sofías y creencias dentro de un mismo país o ciudad, de cómo se utiliza o no la religión o una determinada creencia como excusa o justificación del ejercicio del poder.
Y su protagonista, Hipatia, hija del bibliotecario de Alejandría, una filósofa en busca de las verdades de las estrellas que no ceja en su empeño de averiguar aquello a lo que ha entregado su vida, al parecer, en renuncia del amor terrenal a cambio del amor a la sabiduría o filosofía.