Mi primera experiencia en el mundo de las bibliotecas fue cuando iba al colegio. Creo que estaba en 4º de la EGB, así que tendría unos 10 o 11 años, no lo recuerdo muy bien. Puede que para muchos fuese un poco tarde mi primera experiencia, pero es que de pequeño no era de estar en bibliotecas y entre libros.
Tenía una profesora, la de Lenguaje, que nos mandaba leer un libro por trimestre y algunos días nos bajaba a la biblioteca en la hora de su clase. Al llegar a la misma nos decía donde nos teníamos que sentar y, una vez ubicados, empezar a leer. Se supone que nos bajaba para que conociésemos como era una biblioteca… pero poco conocimos de ella porque no nos dejaba ni levantar la vista del libro. Sólo bajamos allí a leer y a estar en silencio.
Lo confieso: odiaba bajar. No me gustaba nada el libro que nos mandó y además era gordísimo (unas 200 páginas). ¡En mi vida había tenido un libro tan gordo entre mis manos y sin casi dibujos! El libro en cuestión era “El Rey de Katoren” de la editorial SM Colección El Barco de Vapor. Nunca se me olvidará, todavía lo tengo por casa y cada vez que lo veo recuerdo mi mala experiencia.
La biblioteca tampoco era muy grande, y la recuerdo toda blanca y con muchos libros por las estanterías. Se veía muy agobiada, había poco espacio para los usuarios y casi todo estaba ocupado por mesas, estanterías, sillas… Las ventanas solían estar cerradas y tenía unas persianas de un color marrón, debido a su dejadez, que no hacía que fuese un lugar agradable.
Destacar también que la biblioteca era más bien una sala multiusos, ya que era donde hacían las reuniones los profesores con los padres de los alumnos, era donde jugaban los niños que se quedaban al comedor mientras llovía, era donde mandaban a los castigados…
Así que mi primera experiencia en las bibliotecas no fue del todo buena, y quién me iba a decir que con el paso de los años me iba a dedicar a ello.