La impericia sobre los recursos documentales que alberga cualquier archivo supone privar a los usuarios de unos conocimientos acerca de la sociedad en que viven, del pasado y el presente de nuestra memoria individual y colectiva que se recoge, custodia y difunde en estos centros. Además, actualmente coexisten situaciones complejas y cambiantes para los archivos, que superan el tradicional equilibro entre sus funciones jurídico-administrativas e histórico-culturales.