Desde que el hombre tuvo acceso a la escritura, pronto comenzó a regular y controlar las relaciones sociales, haciendo uso de los mecanismos y recursos que tenía a mano, tales como los textos jurídicos y, como no, de los documentos expedidos en su interpretación diaria. Sirvan de muestra, el código de Hammurabi y otras reglamentaciones de características similares destinadas a dicho fin. Con el paso del tiempo, la justicia fue ganando en complejidad, tanto en el terreno de lo geográfico, simbolizado en las diferentes divisiones territoriales o administrativas (audiencias, provincias...), como en el campo de su regulación, desarrollo procedimental o diversidad documental.