Milagros del Corral entró en la Biblioteca Nacional con varios cometidos; entre ellos impulsar la digitalización de fondos y también poner orden tras un tumultuoso mandato con Rosa Regàs al frente, que terminó cuando se hizo público el robo de 16 láminas de gran valor. La salida de Milagros del Corral también estuvo rodeada de polémica. El Gobierno anunció que la dirección de la primera biblioteca española, y la cuarta en el mundo, bajaba a subdirección en la escala administrativa. «Fue una primera respuesta a lo que luego hemos conocido como la 'presión de los mercados'. Alguien del Gobierno pensó, ingenuamente, que con rebajar 32 de las 30o direcciones generales ya bastaba como gesto. Fíjate en lo que ha venido después. Fue una decisión de aficionados, con el resultado de un ahorro irrisorio. A mí me produjo una santa indignación que alguien pensara en la Biblioteca Nacional como algo que se podía bajar de categoría, cuando es una institución central de la cultura española. Dimití por una cuestión de dignidad».