“No tengo derecho a impedir a los mendigos que entren, pero los lectores pueden optar por salir”. En una sola noche, las palabras de Chu Shuqing, director de la Biblioteca de Hangzhou, fueron reflejadas 16.000 veces en la red de microblog del país.
Chu está sorprendido por la repercusión de su punto de vista. De sus 48 años, ha trabajado diez años como bibliotecario y en ese tiempo, se ha apegado al principio de que “las bibliotecas públicas no deben establecer ningún umbral para admitir a los lectores”.
La nueva sede de la Biblioteca de Hangzhou ocupa una extensión de 20.000 metros cuadrados y su superficie constructiva alcanza los 44.000 metros cuadrados, el 90 por ciento de los cuales prestan servicios gratuitos a los lectores, una facilidad que aseguran más del 80 por ciento de las bibliotecas de las grandes ciudades de China. En su opinión, este contraste se debe a la mala interpretación del sistema de “bibliotecas públicas”: “El público entiende que en las bibliotecas se puede leer, pero omite su función social, garantizar la igualdad cultural de la sociedad”.