«Un libro mal colocado es un libro perdido». Así reza una de las máximas de toda biblioteca y más aún si estamos hablando de la Nacional, el corazón de nuestra cultura. Pero, ¿cómo se lucha con el trasiego diario de más de ciento sesenta personas a lo largo de los años? Pues una de las herramientas más eficaces es el recuento anual, motivo por el que la Biblioteca Nacional (BN) cierra las puertas de sus salas de lectura (el museo y las salas de exposiciones siguen abiertos al público) desde ayer y hasta el próximo 24 de enero.
ABC ha sido uno de los invitados a conocer las entrañas de tan delicado procedimiento. Para tal ocasión, la sala general de lectura se abre a los objetivos y los periodistas en todo su esplendor (el uso de cámaras no está permitido normalmente). Allí nos reciben Belén Llera, directora técnica de la BN; Mar Hernández, responsable del departamento de proceso técnico, y Yolanda Ruiz Esteban, al frente del departamento de adquisiciones. Las tres nos guiarán por este particular paseo de las letras.
Más allá de la solemnidad de las salas de lectura, se encuentran los depósitos. En ellos es donde trabajan concienzudamente doscientas personas, divididas en equipos de dos. Por cada ejemplar, rellenan una plantilla en la que se registran las posibles incidencias (si el libro no está, si les falta el tejuelo, si la encuadernación está en mal estado). Una vez recopilada esa información, que este año afectará a unos 700.000 volúmenes, se pasa al equipo de trabajo encargado de comenzar con las correcciones. «Después, dos personas se recorren todo el edificio y subsanan los problemas específicos, como la mala colocación de un ejemplar, que es la incidencia que más se repite en el recuento», explica Yolanda Ruiz.