El viejo Eliseo Torres tenía la extraña costumbre de no querer vender sus libros. Aquel librero gallego exiliado en Nueva York siempre quería guardarse algún ejemplar. Como si aquello, un reino de un millón de libros, fuera a durar toda la vida. Pero cada vez que Abelardo visitaba su librería de cinco plantas en el Bronx insistía en llevarse lo que podía. Tanto, que un día Eliseo pidió a su dependienta que no dejara entrar más a aquel sevillano pesado. Con la puerta en las narices, pudo darle una tarjeta. "Si algún día Eliseo falta, llámeme". Dos años después, sonó el teléfono. Tras una larga negociación con la viuda, llegó el acuerdo. Abelardo Linares se mudaría a Nueva York y dirigiría durante un año la librería para pagar el precio que habían fijado por aquellas 250 toneladas de papel impreso. Si transcurrido el tiempo no lograba alcanzar la suma, volvería a España con las manos vacías y sin el dinero. Ella, claro, aceptó. A un mes de que se cumpliera el plazo, Abelardo ya empaquetaba su tesoro para llevarlo en barco a Sevilla.
"Con el tiempo he llegado a entenderle. La gente pensaba que Eliseo estaba loco porque iba a pasearse por la librería cuando estaba cerrada, como un fantasma. Al poco de estar ahí, yo también empecé a hacerlo. Y sí, a veces a mí también me cuesta vender algunos libros", confiesa en una de las tres naves de 500 metros cuadrados de Sevilla donde almacena el millón de ejemplares. Además, Linares es poeta, fantástico editor y, probablemente, uno de los libreros de viejo más importantes del mundo. Sus movimientos y precios son la referencia. Renacimiento es el nombre de las dos grandes pasiones que ocupan su vida: la librería y la editorial. Como autor, acaba de publicar su último libro de poesía: Y ningún otro cielo (Tusquets, 2010).
Pero todo el asunto se complica. El descomunal esfuerzo que dedica a cada una de las ediciones de obras descatalogadas, joyas con espléndidas traducciones perdidas en la desidia de un mercado que funciona al peso, no se corresponde con las ventas. Ninguno de los 90 títulos que ha editado este año ha superado los 400 ejemplares. "La gente ya no lee. O peor, lee mal. Los grandes distribuidores se han dado cuenta de que el mercado potencial es la gente que no lee y las librerías están llenas de basura. Volvemos al siglo XVIII, a que lea una minoría", masculla resignado. ¿Y el libro electrónico? No le teme. Al contrario. "Es más democrático. Los títulos podrán defenderse solos, independientemente de quién esté detrás".