A falta de conocer las primeras estadísticas sobre la penetración del libro digital en la Comunidad Valenciana, el gremio ya está en disposición de afirmar que el sector editorial valenciano se ha bajado del tren de la digitalización antes de haber arrancado. El fracaso de las plataformas de venta de libros electrónicos como Libranda, la escasa rentabilidad que promete este formato en relación al esfuerzo inversor que requiere y el miedo al pirateo son algunas de las razones que esgrimen los editores para explicar su resistencia a embarcarse en esta aventura.
Por otra parte, existe todavía un enorme desfase entre el volumen de lectores digitales e iPads vendidos —80.000 sólo durante las pasadas Navidades— y el escaso número de títulos electrónicos vendidos.
El sector editorial valenciano está compuesto por empresas pequeñas e independientes, que son precisamente las más reacias a poner su catálogo a disposición de un entorno virtual donde sienten que pierden el control sobre sus productos. Algunos, como Manuel Ramírez, de Pre-Textos, consideran que «una parte de la industria se ha empecinado en introducir a martillo una nueva oferta comercial para la que no estamos preparados». En su opinión, hoy por hoy la comercialización de libros digitales «no resulta rentable», aunque sí puede resultar útil como una herramienta de marketing —ofreciendo a través de la web un anticipo de varias páginas del libro— o para vender «puntualmente y de forma experimental» productos concretos que pueden funcionar mejor, como la poesía.
El último informe sobre la penetración del libro digital en España, elaborado a finales de 2009 por la Federación de Gremios de Editores, preveía que durante 2010 cerca de un 20% de las editoriales nacionales comercializaría entre un 50% y un 100% de sus novedades en versión digital. Todo ello a pesar de que en en el momento de realizar el estudio sólo el 44% de las editoriales disponía de menos de un 5% de sus fondos en este formato.