Eran 6.630 libros, pesaban 1.373 arrobas, estaban valorados en 113.902 reales y se trasladaron en once galeras a Madrid en febrero de 1712 para crear la Biblioteca Real. Pero ¿cómo era aquella biblioteca valenciana del arzobispo maulet Folch de Cardona que confiscó Felipe V -a través de su oscuro ministro Melchor de Macanaz- y parte de la cual sigue en la Biblioteca Nacional de España? Sin duda era una joya, y por eso sirvió como núcleo inicial de la Biblioteca Real. Pero hay más detalles que la historiadora María Dolores García Gómez, autora del libro El arzobispo de Valencia Folch de Cardona. Análisis de una biblioteca eclesiástica del siglo XVIII, ha analizado a partir de los inventarios de la época y que desembocan en una conclusión: el "distinto carácter ideológico e inquietud cultural" de los libros, que constatan la "existencia de un temprano movimiento renovador en la segunda mitad del Seiscientos valenciano".
La biblioteca robada era, en realidad, una suma de tres bibliotecas. Primero, la que Folch de Cardona conformó antes de ser arzobispo bajo el patrocinio de los padres franciscanos de Palencia, convento donde él residía. Esta biblioteca -de la que los franciscanos reclamarán 2.114 volúmenes tras la confiscación de Felipe V y conseguirán 1.424 ejemplares- se caracteriza por su mezcla de "heterodoxia y reformismo". Lejos del letargo espiritual por el que transitaba en aquellos años la vida cultural española, la biblioteca personal de Folch de Cardona era uno de los pocos oasis. Incluso contiene obras prohibidas en los índices inquisitoriales. En cambio, todavía son mayoría los libros de patrística, las biblias, la teología dogmática y moral, y hay una menor presencia de temas jurídicos, históricos o filosóficos.