El pasado mes de octubre, Lucio Adansa, de 16 años y estudiante de 4º de la ESO, leyó por primera vez en un dispositivo electrónico. Lector voraz y fan total del género fantástico sobre todo de las sagas de Harry Potter y El señor de los anillos, ya había probado a hacerlo en ordenador. Pero la experiencia de la tableta iPad supuso una nueva experiencia estimulante. "Está claro que en algunos entornos va a triunfar el libro electrónico. Ocupa menos espacio y es muy cómodo. De hecho, en clase no creo que continúen los libros en papel", cuenta Lucio a este diario. Él tampoco abandonará la edición tradicional. Creció y aprendió a leer con el papel, echaría mucho en falta el lado más fetichista si este formato desapareciera. "Leer en iPad o en internet es más frío. Combinaré los soportes, porque tener una biblioteca queda muy bonito", apunta.
Adansa forma parte del 47,8% de lectores mayores de 14 años que lee en digital, según los datos del Barómetro de Hábitos de Lectura publicados el pasado enero por la Federación del Gremio de Editores de España. De este porcentaje, un 1,3% lo hace en un ereader. Como dato elocuente, la cifra total sube en cuanto las edades de los lectores disminuye. Entre los 10 y los 13 años, un 54,4% ya lee en soporte electrónico, lo que demuestra que el entorno digital se impone entre los más jóvenes.
¿Nativos digitales?
Sin embargo, la generación de Adansa, ahora en la adolescencia, todavía nada entre dos aguas: lee en digital, pero no quiere dejar atrás el papel. Sus compañeras, Ana Roux, de 16 años y Lucía Fierro, de 15, lectoras de casi 50 libros al año (desde libros juveniles a Jane Austen) señalan los mismos argumentos: no reniegan del libro electrónico, "es más ecológico", argumentan, pero les atrae el objeto. "Es más emotivo y me gusta sentirlo", señala Roux.
Los adolescentes saltan de un soporte a otro con gran facilidad. Nacieron con internet y no tienen problemas para bucear entre navegadores y programas. "Pero hay que tener cuidado a la hora de etiquetarlos como nativos digitales, porque eso tampoco significa que tengan una relación profunda con las nuevas tecnologías", advierte Rafael Muñoz, tutor de Lucio, Ana y Lucía.
Esta primera conclusión es una de las que maneja la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, tras varios meses trabajando con libros electrónicos y adolescentes. El informe definitivo será publicado en unos meses, pero ya se vislumbran algunos indicios sobre los cambios que el nuevo soporte puede provocar en las generaciones futuras, principalmente si se equipara con las anteriores.
Uno de ellos, como resalta Luis González (responsable de este programa de estudio), es la fascinación por el soporte. "Vemos que lo utilizan para leer, pero también para comunicarse, jugar, escuchar música... El libro electrónico tiene un uso multidisciplinar para ellos", dice.