La industria editorial se prepara para el salto al libro electrónico

En algún momento de la Edad Media, en los monasterios que conservaron la cultura escrita, los monjes vieron asombrados a uno de los suyos que leía sin mover los labios, sin pronunciar palabras, para sí. Fue un hecho novedoso porque la literatura antigua se escribía para ser declamada, y los espacios en blanco entre palabras son mucho más recientes que el papiro o la tinta. Recién entrados en el siglo XXI la industria que rodea al libro --desde autores a editores, pasando por libreros y bibliotecarios-- se prepara para el que parece será el gran salto tecnológico desde que se abandonaron los rollos que se despliegan para hacer volúmenes con tomos: el libro electrónico.

El mercado quiere empezar a tentar a los consumidores en este 2009, pero aún son varios los modelos de aparato que ofrecen diversas marcas. Está preparada la industria editorial asturiana para lanzarse al formato digital? Marta Magadán --presidenta del Gremio de Editores de Asturias-- afirma que sí con rotundidad. "Tenemos todo el fondo editorial de, al menos, los últimos cuatro años digitalizado; y estamos preparando un portal de internet al efecto; sólo estamos esperando ver qué aparato triunfa". Todo dispuesto o casi, el gerente de la librería Cervantes de Oviedo, Alfredo Quirós, ya se ha encontrado con un par de clientes que han consultado sobre el libro electrónico, pero precisa: "se pueden ofrecer los clásicos, o libros muy novedosos. Hay un intervalo, el que va de 8 ó 9 años atrás hacia unos 30 ó 35, que no está digitalizado, y son libros que aún tienen derechos de autor".

Según Magadán, la digitalización del catálogo más reciente de publicaciones no ha supuesto ningún problema, de hecho apenas hay diferencia entre el formato de texto que se envía a imprenta y el que podría descargarse en un lector electrónico. Se trataría, en su opinión, de un avance que permitiría vender los libros más baratos "porque no se paga el papel ni la impresión, pagas el producto y los derechos de autor". También hay ventajas para los libreros. Según Quirós, "el mundo del libro es lento como una tortuga, sobre todo en la distribución. En Asturias un pedido puede tardar una semana en llegar y es un problema que no habría con distribución electrónica".

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