Este año la primavera viene con retraso y ha sido la invitada de lujo en la inauguración de casi todas las ferias del libro. Es una buena noticia que podríamos aprovechar para medir nuestro grado de interés por la lectura y descubrir que nuestra relación con la cultura de los libros está cambiando vertiginosamente. Y no se debe sólo al hecho de que compramos menos libros porque disponemos de menos dinero sino al hecho de que nuestros alumnos e hijos no sienten la necesidad de leer ningún libro.
Por mucho que se empeñen los editores o las autoridades culturales, las nuevas generaciones tienen una relación distinta con los libros y en algunos ambientes estudiantiles hasta se presume de no necesitar leer ningún libro porque los resúmenes correspondientes están disponibles en la red. Incluso se ridiculiza a quienes aún acuden a las bibliotecas para buscar libros o deciden buscar en la enciclopedia lo que rápidamente se encuentra en google, la wikipedia o sencillamente en la red.
Los deberes escolares ya no se realizan cerca de los libros sino cerca del ordenador. Por mucho que los padres nos resistamos a que nuestros hijos estudien alejados de los ordenadores, no faltan profesores que exigen a los alumnos buscar información en la red y dejar de lado libros, enciclopedias y bibliotecas. Y como bien sabe cualquier analista educativo y cultural, nos dirigimos a una civilización donde no sólo la información estará en la red, sino todos los libros y bibliotecas del mundo. No será verdad que todo esté en los libros sino que todo está en la red.
Este cambio de relación con los libros puede plantearse como una ganancia o como una pérdida, pero nos lo planteamos únicamente aquellos que hemos tenido la suerte de pasar por los tres tipos de literatura que están dando forma a nuestro imaginario cultural. Es un privilegio que tiene no sólo la generación de Carlos Alcántara a la que uno pertenece sino la generación anterior que corría ante los grises y lideró la cuestionada revolución del 68.
Nuestra relación con la lectura nace de una literatura de quiosco donde empezamos a leer cuentos, novelas o tebeos que estaban en el quiosco de los pueblos. Como la paga semanal no daba para mucho, los amigos no sólo cambiábamos cromos sino todo tipo de lecturas. Cuando llegaron las primeras reformas educativas llegaron las primeras bibliotecas a los colegios, aunque la literatura de biblioteca no sustituyó a la literatura de quiosco.