Los museos españoles no entienden las redes sociales

El modelo de gestión de los museos y centros de arte españoles, nacidos la mayoría con el respaldo económico de las administraciones, está en crisis y tienen un futuro incierto. En los últimos meses, muchos centros de arte programan exposiciones de forma conjunta, o incluso fusionan sus colecciones con la idea de unir esfuerzos y reducir costes. Pero en realidad, la mayoría de museos y centros de arte españoles demuestran tener poco interés por la actividad y la programación que realizan sus colegas y trabajan de espaldas unos a otros. Es una de las conclusiones del estudio Análisis de las conexiones de museos y centros de arte en la redes sociales publicado por el portal cultural Dosdoce, tras analizar cómo utilizaron 50 museos españoles las redes sociales, sobre todo Facebook y Twitter.

Tras comprobar que la presencia en las redes sociales de los museos es una realidad aplastante (en 2007 la presencia era mínima) y que los equipos directivos y responsables de comunicación son cada vez más conscientes de su poder, el equipo dirigido por Javier Celaya ha constatado el poco uso que los museos españoles hacen de las web 2.0. "No tienen claro la estrategia ni lo que pretenden conseguir con ellas y sólo lo hacen por estar". Según el estudio, pocos centros explotan adecuadamente los activos de comunicación que representan las redes y la mayoría pecan de "corporativismo" tanto por el tono como por el contenido. Por eso aconseja a los equipos de comunicación hacer un esfuerzo porque sus comentarios en las redes no parezcan "un corta y pega" de la información ya publicada en la web oficial de la entidad.

Para Celaya, los museos y centros de arte, "cuya actividad representa el 4% del PIB español, actúan como pequeñas islas en el mundo cultural". Según el informe, los museos mantienen poca interacción con sus fans y seguidores online, uno de los fundamentos de la red social, no preguntan cuáles son sus intereses y qué esperan, y en el caso de que los seguidores hagan preguntas u observaciones no reciben respuestas, en la mayoría de los casos. "Una de las cosas que más sorprende es ver que los museos no siguen a sus seguidores. Así es imposible saber qué es lo que esperan", explica Celaya.

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