Pasado y futuro de las bibliotecas

Fue Francis Bacon, uno de los fundadores del método científico en los siglos XVI-XVII, quien puso en palabras un concepto que hoy nos parece obvio: «El conocimiento es poder». Y por ello, la biblioteca, como depósito de conocimiento de fácil acceso, es parte esencial del concepto del poder ejercido por toda la población consustancial a lo que consideramos que debe ser la democracia.

Las bibliotecas tienen una imponente historia de al menos cinco mil años, desde la 'Casa de las tablillas' del templo de Nippur (hoy Nuffar, en Irak), la más antigua encontrada, hasta hoy. Allí se guardaban más de 2.000 tablillas de cerámica de escritura cuneiforme sumeria, algunas datadas alrededor del año 3000 a.C. Esta biblioteca no guardaba solo textos sagrados o administrativos. En sus libros/tablilla encontramos poemas épicos e historias míticas que luego hallamos reescritas en el Antiguo Testamento.

En el siglo VII a.C., el legendario monarca asirio Asurbanipal hizo reunir y organizar una colección de la cual se conservan más de 20.000 tablillas y fragmentos. Esta gigantesca colección, conservada en su palacio y en el de su abuelo, fue la primera biblioteca con una organización sistemática y es hoy en día una de las fuentes más ricas para el conocimiento de la historia, el arte, la ciencia y la religión de la antigua Mesopotamia.

Fue a partir del siglo V a.C. cuando aparecieron las bibliotecas personales en la Grecia clásica, merced a coleccionistas como Pisístrato, tirano de Atenas, el geómetra Euclides, el poeta Eurípides y el filósofo Aristóteles. Aristóteles estaba destinado a jugar un papel singular en la historia de las colecciones de libros. En el 343 a.C., Filipo II de Macedonia lo llamó para que dejara su natal Estagira y trabajara como tutor de su joven heredero, Alejandro, para lo cual el filósofo fue nombrado director de la Real Academia de Macedonia. Allí, además de instruir al que sería poco después Alejandro Magno, tuvo como alumno a Ptolomeo Soter, que sería uno de sus principales generales.

A la muerte de Alejandro, Ptolomeo se hizo con la corona de Egipto, llevando consigo los restos del conquistador Macedonio desde Babilonia hasta Alejandría, en Egipto. Allí, Ptolomeo encargó a Demetrio de Falerón, también discípulo de Aristóteles, la organización de la legendaria Biblioteca de Alejandría y su adjunto Musaeum (donde trabajarían numerosos sabios, entre ellos Hipatia, que recientemente inspiró a un personaje cinematográfico). La riqueza de Egipto se puso al servicio de enviados de Ptolomeo que recorrieron el mundo conocido comprando o mandando hacer copias de todos los textos guardados en bibliotecas, templos y palacios.

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