Un ambicioso proyecto de bibliotecas presentado recientemente en Lima busca que éstas dejen de ser almacenes de libros y se conviertan en centros de cultura y puntos de encuentro de la sociedad civil.
Aunque se puede relacionar con otras experiencias similares exitosas, como la realizada en la ciudad colombiana de Medellín, la asociación «Una biblioteca para mi pueblo» (UBiP) se ha puesto un techo muy alto: crear, o reactivar, una biblioteca en cada pueblo de Perú. Para lograrlo, el equipo que preside Máximo Kinast comenzó a trabajar hace dos años y ya ha creado una biblioteca en Qasangay, en la región sureña de Ayacucho, y una «chiquiteca» (para niños pequeños) en una escuela del distrito limeño de Miraflores. También han colaborado en la reactivación de una veintena de bibliotecas en zonas pobres de distintas localidades del país, como Ancash, Huarmey, Quillo, Huacho, Parialca y Lima.
Kinast, un hispano-”chileno de 73 años y con ocho de residencia en Perú, señaló que el proyecto nació hace pocos años, cuando conoció en Bolivia al español Javier Gimeno, de la biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid. Poco tiempo después, Kinast conoció en Lima al taxista quechuahablante Ismael Soto, quien le comentó que siempre había querido instalar una biblioteca en su pueblo de Ayacucho. «Entonces hicimos una biblioteca ahí», comentó Kinast, quien cuenta que ese fue el punto de partida de un proyecto que ha contado con el apoyo clave de Gimeno y la Complutense.