MAR
13 NOV
2012
10:42H

El libro compartido

Que leer es algo apasionante no necesita ninguna justificación. Creemos que existe un nexo entre la lectura y la felicidad, que gracias a los libros podemos amueblar nuestra imaginación y ampliar también los límites de nuestro mundo (más allá de las cárceles particulares de nuestra situación personal y del sitio donde vivimos) . Es verdad que los libros a veces son caros, que no encontramos el que deseamos leer, que ya no hay ediciones del que pedimos, que buscamos alguna publicación antigua, etc. Y es aquí donde destaca la importancia de las bibliotecas públicas.

Imagen tomada de abc.es

Las bibliotecas públicas, esparcidas por los barrios y los pueblos, son islas donde se encuentra el tesoro de la cultura. Allí vamos a sacar libros, a consultar volúmenes, a estudiar, a encontrar un rato de reposo para leer y escribir (Marx, por ejemplo, escribió sus obras en una biblioteca) sin que seamos molestados por nadie; también en ellas surgen amistades e incluso historias de amor. No obstante, en la lectura cada uno construye una pequeña habitación de soledad en la que se produce ese fantástico encuentro entre el libro y el lector.

Pero dentro de las bibliotecas hay una actividad especialmente gratificante: la de los clubes de lectura. En efecto, los clubes de lectura consiguen que ésta no constituya un ejercicio solitario, sino compartido. Los integrantes de estos clubes se ponen la tarea de leer un libro y después lo comentan, lo critican, lo alaban; es decir, ponen en común la experiencia personal de su lectura. Es fantástico advertir cómo cada libro admite muchas interpretaciones. Pero no sólo es eso. Los clubes de lectura son escuelas de escucha, de expresión oral, de reconocer el valor de las experiencias de los demás, de comprender que opiniones distintas también se fundamentan con razones, de aprender que lo que a uno le gusta no tiene por qué gustarle a los demás, de gozar por coincidir en la interpretación de capítulos o pasajes emocionantes…Incluso por utilizar una idea de Tocqueville, se podría decir que los clubes de lectura son escuelas dónde se aprende a ser demócrata.

Con el ánimo de realizar un breve enfoque histórico, podemos señalar que en sus publicaciones sobre éste fenómeno, Blanca Calvo -Directora de la Biblioteca Pública del Estado de Guadalajara- señala que el origen en España de estos clubes de lectura se vincula con la Biblioteca de Guadalajara y las bibliotecas populares de Madrid, a mediados de la década de los 80. Blanca Calvo apunta cuatro elementos comunes que, de manera general, definen a los clubes de lectura, y que se extraen de una encuesta realizada a través de Internet. Estos elementos son : 1) se trata de una práctica bibliotecaria; 2) el gusto de los componentes de los grupos acaba llevándolos a encontrarse con otros clubes; 3) suele haber actividades lúdicas o gastronómicas que acompañan o complementan las sesiones de debate centrado estrictamente en la lectura; 4) la mayoría de sus miembros son mujeres.

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