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¿Por qué percibimos que la bibliotecología, la archivística y la documentación no son tan reconocidas?

17Feb2009

A través de bitácoras y listas de discusión hispanoparlantes he identificado algunas problemáticas comunes. Una de éstas es la constante desazón por el poco o nulo reconocimiento que tienen la bibliotecología, la archivística y la documentación y, por consiguiente, sus profesionales. A continuación esbozaré algunas reflexiones que, a mi modo de ver, reflejan la falta de tal reconocimiento, y que tienen como propósito insumir otras ideas y discusiones.

  1. La insuficiente investigación y fundamentación teórica. La endeble y ambigua investigación y fundamentación generó que se mire y hable de estas tres disciplinas como si fueran una sola o indistintamente. No se desconoce que exista una correspondencia entre éstas, ni mucho menos los estudios adelantados y los académicos referentes, pero es necesario trabajar en la investigación y consolidación de esta tríada desde sus aspectos históricos, conceptuales, epistemológicos y metodológicos. Unas sólidas bases son simiente para la identidad y proyección disciplinar y profesional.
  2. La incongruencia entre los contenidos del programa académico y las titulaciones. El advenimiento de la sociedad de la información y el conocimiento propició que los programas universitarios de bibliotecología, archivística y documentación vieran la necesidad de ajustar los contenidos de los programas de estudio. No obstante, en algunos casos, éstos estuvieron aparejados por el cambio de titulación, cambio que no favoreció, pues lo que generó en el imaginario particular y colectivo fue desdibujar quienes somos. Hoy en día el camino recorrido con la 'marca' parece no estar claro. Sí, toda disciplina y ciencia evoluciona, pero el sustrato esencial permanece; por más que la tecnología afecte un saber o un área del conocimiento, ésta evolucionará pero seguirá siendo lo que es. Cambiar de manera ligera la titulación o añadir a ésta voces que suponemos hablarán o sonarán mejor, es un desacierto.
  3. La escasa representación de las asociaciones, sociedades gremiales y colegios profesionales. Es verdad de perogrullo que a las asociaciones gremiales y colegios profesionales las hacemos todos los profesionales y trabajadores del sector. Pero más que esto, que aún en la práctica no es evidente, las asociaciones y colegios deben buscar estrategias para organizarse y ser sostenibles en el tiempo. Esto implica revisar principalmente dos frentes: a) el funcionamiento y la interacción ente las distintas formas asociativas (locales, nacionales y supranacionales), y otras instituciones, con el propósito de escatimar esfuerzos y recursos, y hacer más efectiva la gestión; b) el establecimiento de una cátedra de asociacionismo en los programas de formación profesional para que, desde el salón de clases, se propugne por ilustrar y persuadir de la importancia que éstas tienen en el desarrollo de las disciplinas, la profesión y el país y, al mismo tiempo, sirva de cantera para cultivar a los futuros socios.
  4. La falta de presencia en escenarios políticos y medios masivos de comunicación. No es suficiente que la bibliotecología, la archivística y la documentación se den a conocer en el ámbito académico. Es necesario que tanto la academia, las asociaciones, los colegios y los profesionales participen de manera directa o indirecta en procesos políticos, tales como: a) la formulación de políticas públicas (educativas, culturales o tecnológicas), y b) la postulación y apoyo de candidatos a cargos de elección popular, que representen y beneficien al gremio y la profesión. De igual forma, se deben buscar espacios en medio masivos de comunicación como la radio y la televisión, pues son los principales canales que llegan a un significativo número de personas ávidas de formar opinión. Es inaplazable comenzar a trabajar en el lobby político y mediático, si se quiere impactar y hacer eco en la sociedad.
  5. La carente actitud y, en algunos casos, aptitud profesional. Si bien todo lo anterior es fundamental, el reconocimiento de la bibliotecología, la archivística y la documentación debe pasar primero por nosotros mismos. Para ello se hace necesario gestionar de manera permanente nuestro desarrollo personal y profesional: fortalecer nuestra autoestima e imagen, así como nuestras capacidades de autoconfrontación y autoconocimiento; actualizarnos académicamente, preferiblemente, en áreas ajenas a nuestra formación de base, por ejemplo, en gestión, tecnologías de información, idiomas; participar en equipos multidisciplinarios y, finalmente, desechar taras y prejuicios que nos han dejando la impronta de que sólo podemos desenvolvernos en bibliotecas, archivos y centros de documentación.
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