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24 horas con... Paloma Fernández de Avilés

7Abr2010

Nací en Madrid y soy licenciada en Lingüística Hispánica. En 4º de carrera oposité a Auxiliares de Bibliotecas y trabajé en la biblioteca pública de Ciudad Real. Al terminar la carrera, hice las oposiciones al Cuerpo Facultativo y he estado en la Biblioteca Nacional durante 19 años en el área de referencia. Luego pasé al Ministerio de Cultura como jefa de área de Información y Documentación (tres años) y de ahí vine a dirigir la Biblioteca de Castilla-La Mancha.

Haber empezado como auxiliar en bibliotecas me ha servido para tener una percepción complementaria de nuestra profesión; las tareas de referencia en la BNE me han permitido tener un panorama amplio del trabajo bibliotecario, en sus distintas facetas, y me ha dado oportunidades maravillosas:  a grandes rasgos, he colaborado en catálogos de fondo antiguo, he sido comisaria de una gran exposición y publicado un libro sobre servicios bibliotecarios para niños.

6:00 a 6:20h. Suena el despertador, pero yo sigo frita. Me zarandean sin contemplaciones: --¡¡”Las 6 y 20!!”—. Despego un párpado y lo primero que me encuentro son los ojos de Beti, mi perrilla.

6:20 a 7:35h. Frenética carrera por la casa y café por la cabeza. Menos mal que me dejé “el uniforme” preparado. Tengo sensación de viernes, pero el calendario dice jueves. Fuera diluvia: paraguas, bolso, billetes, llaves, libro… “Ralling” por Serrano a Atocha: zanjas, buses y camiones reculando. Pero tengo suerte: me dejan en la estación cada mañana. Rampa, escáner, y… al tren.

7:35-8:35h. Ratito de relax; objetivo: no pensar en nada de lo que me espera a la llegada. Lo mejor: novela negra al canto. Vagón silencioso, bueno, no: ronquidos. Fuera sigue lloviendo, pero Toledo ya está ahí. Bus a Zocodover. Subo la cuesta hasta el Alcázar, entro por la puerta de la Biblioteca, y sin quitarme ni el abrigo, ya encuentro problemillas: “—Ha llamado Casimiro, que se ha muerto el padre de su novia y se coge moscoso…” “—“Llama al Coronel, por lo de la gotera” (compartimos edificio con el Museo del Ejército).

8:50 a 9:30h. Mientras conecto el ordenador, busco por entre los papeles de mi mesa: si no dejara cada tarde, antes de irme, anotado en un post-it una “chuleta” con lo más urgente, cuando llego no sabría ni por dónde empezar. Aquí esta: empezarán a instalar salvaescalas entre Mediateca y zona de Préstamo; durante la mañana aterriza la empresa de digitalización con dos escáneres; tengo reunión dentro de un rato con los administradores del Catalogo Colectivo para hacer seguimiento de la ultima fusión y, esta tarde, se incorpora una nueva monitora al servicio de Bebeteca. Hay más cosas: la lista de tareas del correo me recuerda contactar con el Conservatorio Jacinto Guerrero (querríamos un concierto de piano en la semana del Libro); con el Instituto de la Mujer tengo pendiente un acto de celebración del Aniversario del acceso de las mujeres españolas a la Universidad. Hay alguna cosa más a despachar por correo electrónico esta tarde, cuando esté aquí mas tranquila. Primero de todo, la reunión: ya me deben estar esperando en la Sala de Juntas. Suena el teléfono: otra vez el Coronel, que ayer tarde los usuarios tiraron colillas por el patio. Lo desvío a Administración y me llevo el móvil, por si me busca alguien de la Consejería.

9,30 a 11,45h. La reunión se desarrolla sin problemas; las incidencias cada vez son más parecidas a otras veces y ya nos las sabemos, con  lo cual son previsibles y fácilmente solucionables; aun así, hay algún problemilla que me apunto en el cuaderno que va conmigo a todas partes (de ahí salen luego mis deberes). Por dos veces he de abandonar la reunión: una porque ha llegado la empresa de digitalización, así que organizo y delego en los técnicos de la Sala Castilla-La Mancha; la otra, porque me busca la directora adjunta que, con el jefe de mantenimiento, andan pendientes de la instalación del salvaescalas: toma de decisiones. De vuelta a la reunión, paso por el Préstamo de adultos para recordar que envíen al área de Referencia la Guía de lectura del Centro de Interés sobre mujeres que acaban de montar, para tenerla en la web el lunes próximo (8 de marzo: Día Internacional de las Mujeres).

11:45 a 11:55h. Termina la reunión y subo a Cafetería: otro café por la cabeza; hoy no me da tiempo a sentarme.

12:00 a 12,40h. Me esperan en “el planero” la directora adjunta y la encargada de la Sala Castilla-La Mancha: tenemos que ultimar la selección de piezas para la exposición de grabados de flora y fauna de la colección Borbón-Lorenzana que se inaugurara el Día del Libro, aprovechando que estamos en el Año Internacional de la Biodiversidad. Elaborar los textos lleva su tiempo y además conviene seleccionar ya algunas imágenes para que el área de Actividades empiece a trabajar en el diseño del tríptico. Últimamente utilizamos la imprenta del Hospital de Parapléjicos; lo hacen bien, rápido y económico.

12,40h a 14:05h. De vuelta a mi despacho, recupero el teléfono fijo y, nada mas colgarlo, está sonando: es Peridis (fue el arquitecto que remodeló nuestra Biblioteca), que prepara un “power point” y necesita fotos de la época de la inauguración, junto con alguna “cosilla”, como una gráfica del aumento del número de socios en estos años (desde 1998, ahí es “ná”). También quiere fotos de los servicios más novedosos (mira por donde, le voy a poder enviar también de Bebeteca, las tengo preciosas). Delego las fotos en el área de Actividades y llamo a Proceso para que me vayan preparando la gráfica…

14:05 a 15:00h. Hay un sitio donde me gusta ir a comer, junto a Zocodover: la comida es casera, variada y a buen precio, pero hay que ir muy temprano, como hoy. Si no puedo acoplarme a estos horarios, me quedo picoteando alguna tontería que quede en mi nevera (yogur, zumo, algún bombón), porque nuestra cafetería no dispone de comidas. Qué bien comer hoy de cuchara caliente: toca cocido en el menú y tengo hambre de lobo.

15:10h a 17:10h. De vuelta a la biblio, me lavo los dientes y, ya en tranquilidad, retomo el borrador del artículo que llevo días preparando para la revista Anaquel. Ya tengo las imágenes que me he bajado de BIDICAM, así que a esto le queda poco; falta una lectura sosegada que me ayude a abreviar, pero me gusta cómo me ha quedado el tono: liviano, de lectura agradable y, sobre todo, incita a usar el repositorio… Cuando acabo, salgo corriendo hacia la Sala de Conferencias: ya ha empezado la sesión de tarde del servicio de Bebeteca.

17,10h a 17,30h. Me encanta ver el “parking de cochecitos” en el pasillo. La Bebeteca es un servicio nuevo que empezamos este año por las mañanas y hemos tenido que ampliar a dos tardes por semana. Aunque la monitora es nueva, no creo que vaya a tener ningún problema. Me sumo al corro de los juegos, sentándome en el suelo junto a una madre que tiene entre sus piernas un bebé que palmotea (la mayoría son madres jóvenes, hay tres chicos papás y una abuela en este turno). Sumados los cuatro grupos, tenemos 160 bebés (nuevos socios) y lista de espera… Como no hay otro espacio, reutilizamos la parte de atrás de la sala de conferencias donde tenemos el piano, con un telón confeccionado en lona azul con recortes en amarillo y naranja, para cubrir la pared del fondo. Encima del piano y por el suelo hay cuentos desplegables, un oso de peluche que me traje de casa, y marionetas de guante. Queda chulo. A los bebés les encantan las dos cajas de colores, hasta arriba de cuentos de trapo.

17:35 a 19:00h. De vuelta a mi despacho, localizo al Gerente del Centro de Salud de un barrio: en el Consultorio de Pediatría tenemos instalado un carrito con libros, dentro del programa de nuestra Consejería “La biblioteca se sale”. Le aviso que mañana pasará la encargada de la Sala Infantil a ver cómo va esto. A partir de las seis y aunque esté encerrada en el despacho, sé que el tráfico en la biblio es ya intenso. Empiezan a llegar algunos miembros de los clubes de lectura, a los que toca reunirse una tarde por semana; desde el pasillo me llegan voces de los niños que van hacia la Sala Infantil. La Sala de Lectura, Mediateca y, por supuesto, Acceso (donde realizamos los préstamos)  están a tope. Algunos profesores de Instituto con clases de mañana, aprovechan las tardes para sus investigaciones en la Sala Castilla-La Mancha…

Siempre que no haya un acto cultural donde se requiera mi presencia, o donde tenga que actuar de anfitriona, mis tardes son tranquilas en comparación con las mañanas. Las aprovecho para informes, planificar alguna actividad o despachar correos que han entrado a lo largo del día. Cuando quiero darme cuenta se me ha echado la hora encima: en un post-it apunto la “chuleta” para el día siguiente; bolso, libro y paraguas quedaron junto al abrigo al volver de comer. Ficho y corro al ascensor; bajo a Zocodover desempedrando la cuesta.

19:00 a 20,45h. al tren y, de nuevo, a la lectura; ya en Madrid, espero el bus: para variar, hay gran atasco. Logro leer otros 20 minutos; entro por el portal y corro a dar un beso a mis nietos, ya en pijama (viven debajo, qué suerte…)

21:00-22,30h. Subo a casa y, antes de que la llave entre en la cerradura, Beti está dando brincos detrás de la puerta. No sé de qué podría quejarme: la cena lista y hasta la mesa puesta… Todo el cansancio del día me cae de golpe, así que me doy una ducha calentita. Luego a cenar, la tele, una pizca de charleta y a dormir, que mañana sí que, de verdad, ya es viernes…

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